Nota original publicada en Expansión
El sistema representa un ejemplo de cómo la infraestructura física y la infraestructura digital pueden integrarse para generar beneficios concretos para las personas, las empresas y el país.
Hoy la verdadera batalla de la movilidad es por el tiempo. La competitividad de un país depende cada vez más de su capacidad para mover personas, mercancías y datos con la menor fricción posible.
La tecnología para agilizar el tránsito por las autopistas ya existe. Los sistemas de telepeaje han demostrado en distintos países como Estados Unidos, Chile, Portugal o Australia que es posible reducir fricciones, mejorar la experiencia de viaje y aprovechar de manera más eficiente la infraestructura existente, todo esto gracias a un flujo vehicular más constante en las redes carreteras. El tiempo cuenta para las personas, pero también para las cadenas logísticas, la productividad y el crecimiento económico.
El costo del tiempo está documentado. De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y SinTráfico, la congestión vial en 32 ciudades mexicanas genera pérdidas económicas por más de 94 mil millones de pesos al año y representa cerca de 100 horas adicionales de traslado por persona.
La tecnología nos permite reducir parte de ese costo. La diferencia entre pagar en efectivo y utilizar telepeaje es ilustrativa. La Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) estima que una transacción tradicional puede tomar alrededor de un minuto, mientras que una operación electrónica se realiza en aproximadamente 10 segundos . En otras palabras, el telepeaje reduce en más de 80% el tiempo necesario para cruzar una plaza de cobro.
Pero el verdadero valor del telepeaje no está únicamente en la velocidad. Representa uno de los ejemplos más visibles de cómo la infraestructura física y la infraestructura digital pueden integrarse para generar beneficios concretos para las personas, las empresas y el país. Cada cruce más ágil significa menores tiempos de traslado, mayor certidumbre para las cadenas de suministro y una mejor experiencia para quienes utilizan diariamente las carreteras.
En este contexto, la estrategia impulsada por el gobierno federal para avanzar hacia un modelo de “Cero Efectivo” constituye una señal positiva de modernización. El siguiente gran salto consiste en construir una verdadera red nacional interoperable, en la que las personas usuarias transiten por distintas autopistas utilizando un mismo dispositivo, con estándares homogéneos, procesos integrados y una experiencia consistente, independientemente del operador de la vía. La experiencia internacional demuestra que este tipo de ecosistemas generan importantes ganancias de eficiencia. Por ello, organismos multilaterales como CAF han impulsado protocolos y marcos de referencia para promover la interoperabilidad de los sistemas de telepeaje en América Latina. La interoperabilidad también favorece una movilidad más sostenible. Diversos estudios identifican que la reducción de frenados, detenciones y aceleraciones en las plazas de cobro disminuye el consumo de combustible y las emisiones asociadas al tránsito vehicular.