El cambio climático redefine la operación de la infraestructura de transporte

Nota original publicada en ICC México

El cambio climático redefine la forma en que el mundo diseña, financia y opera la infraestructura de transporte. Las lluvias extremas, las inundaciones y las olas de calor afectan la continuidad operativa, elevan los costos de mantenimiento y presionan la capacidad de respuesta de las redes de movilidad. Hoy más que nunca, estamos obligados a aceptar el reto de mitigar nuestros impactos en el medio ambiente y a planear y construir resiliencia.

De acuerdo con estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el costo del financiamiento para la adaptación necesaria en los países en desarrollo es de al menos $310,000 millones de dólares por año para 2035. Este escenario obliga a gobiernos, operadores e inversionistas a replantear los criterios con los que históricamente se ha desarrollado infraestructura estratégica.

Los fenómenos meteorológicos pueden generar importantes daños en la infraestructura vial e incrementar las interrupciones en las operaciones. Esto, a su vez, incrementa los riesgos viales y los costos en la recuperación de la infraestructura. Frente a este escenario, el sector del transporte enfrenta el desafío de incorporar criterios de adaptación y resiliencia climática en todas las etapas del ciclo de vida de la infraestructura, desde su diseño y financiamiento hasta su operación y mantenimiento.

En Aleatica, empresa especializada en la operación de infraestructura de transporte, sabemos que enfrentar este desafío exige mucho más que intención. Requiere liderazgo, decisiones basadas en evidencia y una visión de largo plazo. Por ello, la sostenibilidad es uno de los ejes centrales de nuestra estrategia corporativa. Integramos criterios ASG —Ambientales, Sociales y de Gobierno Corporativo— en todos los niveles de la organización para impulsar un desarrollo responsable y alineado con las expectativas de nuestros grupos de interés.

Bajo este enfoque, implementamos una Estrategia de Cambio Climático que establece una hoja de ruta para reducir emisiones, fortalecer la resiliencia de nuestra infraestructura y proteger el bienestar de las personas que usan nuestras vías. Se trata de una estrategia integral alineada con los objetivos del Acuerdo de París y que busca acelerar la transición hacia una economía baja en carbono que impacta nuestras operaciones en los siete países de América y Europa donde operamos. En este contexto, como parte de nuestra estrategia de mitigación, establecimos el objetivo de reducir en 42% nuestras emisiones de gases de efecto invernadero de Alcance 1 y 2 hacia 2030, tomando como línea base el año 2019, así como alcanzar cero emisiones netas en 2050.

Hoy, los resultados reflejan el avance de ese compromiso y muestran hechos tangibles. En 2025 logramos disminuir en 14% nuestras emisiones de Alcance 1 y 2 respecto a 2024, alcanzando una reducción acumulada de 43% desde 2019, lo que nos permitió superar anticipadamente nuestra meta para 2030.

Asimismo, monitoreamos el desempeño ambiental de todas nuestras unidades de negocio para identificar tendencias, compartir aprendizajes y replicar buenas prácticas en nuestras operaciones a nivel global. La transición energética ocupa un lugar central en nuestra estrategia operativa. Gracias a ello, en 2025 alcanzamos una reducción del 60% en las emisiones de Alcance 2.

Para lograr estas metas, medimos nuestra huella de carbono bajo el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero, considerando los alcances 1, 2 y 3. Esto nos permite integrar y gestionar las emisiones derivadas de nuestras operaciones, del consumo energético, de los materiales utilizados, de los residuos generados y de la movilidad asociada al uso de nuestras vías.

Además, optimizamos el consumo energético a través de la incorporación de energías renovables, la adopción de tecnologías más eficientes y el fortalecimiento de procesos de monitoreo y control. Como resultado, incrementamos de manera sustancial el consumo de energía proveniente de fuentes renovables, logrando un 82% del total de energía que consumimos.

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A su vez, fortalecimos nuestro desempeño energético mediante tecnologías de eficiencia, granjas solares y el uso de energías renovables. Por ejemplo, en México, en las autopistas Amozoc-Perote, el Circuito Exterior Mexiquense y el Viaducto Bicentenario incorporamos sistemas fotovoltaicos para reducir el consumo de energía convencional. Como resultado, en 2025 generamos globalmente 3,452 MWh de energía solar, un incremento de 452% respecto al año anterior.

La generación distribuida y el uso de energías renovables también contribuyen a fortalecer la resiliencia operativa de la infraestructura, al reducir la dependencia energética y aumentar la eficiencia de activos críticos para la movilidad. La reducción de emisiones representa únicamente una parte del desafío climático. La adaptación también define la capacidad de la infraestructura para responder ante escenarios cada vez más extremos e impredecibles. Por ello, el segundo eje de nuestra estrategia se enfoca en fortalecer la resiliencia climática mediante la gestión de riesgos, la conciencia ambiental y el desarrollo de capacidades dentro de la organización.

La integración de variantes climáticas también responde a expectativas crecientes de inversionistas, reguladores y organismos financieros internacionales. Actualmente, la resiliencia operativa y los procesos de descarbonización influyen de manera directa en la competitividad y el acceso a financiamiento de largo plazo.

En sectores como el de infraestructura, la capacidad de atraer capital depende cada vez más de estrategias centradas en la reducción de emisiones. Incluso cuando solo una pequeña parte de los inversionistas lo exige, su participación puede influir de manera importante, ya que los esquemas de financiamiento mixto requieren de la anuencia de todas las partes, de acuerdo con datos de McKinsey.

La preparación de las personas también forma parte de la resiliencia operativa. Proteger a nuestro equipo y a las comunidades cercanas a nuestras vías implica escuchar, colaborar y actuar de manera conjunta. Durante 2025 dimos continuidad a programas de capacitación interna en cambio climático dirigidos a equipos de sostenibilidad y operación, impulsando una comprensión más profunda de los riesgos climáticos y su integración en la gestión del negocio.

Además, promovimos acciones de sensibilización en todos los niveles de la organización. Tan solo en 2025 impartimos 838 horas de formación en gestión de riesgos y oportunidades, realizamos un seminario virtual sobre riesgos climáticos con la participación de 508 personas y desarrollamos talleres sobre riesgos emergentes. Nuestro objetivo es consolidar una cultura corporativa capaz de anticipar impactos climáticos y responder con mayor preparación frente a escenarios de disrupción.

Por ejemplo, las constantes inundaciones ocurridas en Chalco, Estado de México —una zona con alta vulnerabilidad social— evidencian cómo los riesgos climáticos impactan simultáneamente infraestructura y tejido social. En este sentido, colaboramos con autoridades locales para organizar jornadas de voluntariado y donar víveres en apoyo a las comunidades afectadas.

De igual manera, trabajamos para transformar positivamente el entorno de las comunidades aledañas a nuestras operaciones, facilitando el acceso a servicios, impulsando la integración territorial y favoreciendo el desarrollo económico local. A través de programas de educación vial, derechos humanos y fortalecimiento comunitario, promovemos entornos más seguros, sostenibles y resilientes.

Entendemos que solo es posible generar valor sostenible cuando trabajamos de la mano de las comunidades, como aliados que escuchan, colaboran y actúan. Por ello, impulsamos iniciativas que atienden necesidades prioritarias y promueven transformaciones positivas y duraderas, contribuyendo al desarrollo social, la cohesión comunitaria y el bienestar de las personas en los entornos donde operamos.

La infraestructura del futuro conecta territorios, sostiene la actividad económica y protege a las personas frente a un entorno climático cada vez más complejo. Las redes de movilidad necesitan operar con mayor capacidad de adaptación, responder con rapidez ante eventos extremos y mantener la continuidad de servicios esenciales para millones de personas. La forma en la que gobiernos, inversionistas y operadores actúan hoy definirá la competitividad, la seguridad y la resiliencia de las próximas décadas.